Por radical que parezca esta declaración, la realidad es que los seres humanos siempre hemos tenido necesidad de comunicarnos y pertenecer a grupos. Desde la prehistoria el hombre ha sido parte de grupos (antes conocidos como manadas) ya fuera para protegerse, compartir alimentos o incluso para reproducirse. De manera reciente la necesidad de pertenencia ha tomado rumbos mucho más ideológicos, sentimentales e incluso fijos: pertenecemos a una religión, a una filosofía, a una tendencia política, a un equipo de futbol, a un club social, y por supuesto, a una familia.
|